Muchas veces (quizás no tantas como nos gustaría) nos sentimos orgullosos de nuestra profesión.

Aquel día mágico en que el alumnado se dirige a nosotros fuera de clase, nos pide consejo y se interesa por nuestra opinión.

Ese día nos sentimos más útiles y más realizados. Por estos momentos, vale la pena dedicarnos a enseñar.

Aunque siempre hay alumnos que crean que no nos necesitan; ya se sabe… ¡de deporte sabe todo el mundo!

 

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