Ayer asistí a un vergonzoso espectáculo de deporte escolar. Cuando el objetivo es ganar, se generan contravalores.

Ayer el equipo alevin de mini volei de la escuela de mi hija (10 años) se enfrentó al de otra en competición escolar. En esta categoría los equipos son mixtos y la escuela contraria contaba con la participación de cuatro niños y tres niñas. Nuestro equipo, formado por siete niñas. Se juega al mejor de tres sets. Antes de seguir, aclaro que todos los niños/as deben jugar como mínimo un set entero.

Primer set: el entrenador contrario alinea a tres niños y una niña. Durante todo el set, la construcción del ataque del equipo contario consistió en pasarse la pelota únicamente entre dos niños (los mejores) y os otros dos, sólo cuando servían y poco más. En un momento determinado la niña le dice al entrenador… “no me la pasan“. Cierto, no se la pasan porque pierden el punto. Ganan el set.

Segundo set: el entrenador contrario vuelve a alinear a tres niños y una niña. El mejor niño, vuelve a repetir set. Comienzan a perder puntos, y los niños recriminan los errores a las niñas. Se quejan continuamente de la pérdida de puntos por culpa de ellas. El entrenador no interviene. Además, cuando ve que el resultado es adverso cambia a una niña por un niño. Pierden el set

Tercer set: Set decisivo. El entrenador  vuelve a poner al mejor niño para que juegue todo el partido, junto con dos niños más y una niña. El set está más o menos igualado pero empiezan a distanciarse en el marcador. Justo cuando debía servir un niño que iba a fallar, le saca y entra una niña que saca bien. No hace ningún cambio más. Siguen las recriminaciones a las niñas pero ahora con un tono más agresivo porque ven el partido perdido. Y finalmente, lo pierden.

Acabo indignado. Las famílias de nuestro equipo dicen que nos merecíamos ganar por la actitud del entrenador y de los niños del equipo contrario. Pobres niñas. Prácticamente no han jugado y cuando lo han hecho y han fallado, han sido recriminadas de forma continuada. Y yo digo que desgraciadamente, perder no le habrá servido de nada porque no es consciente de lo que ha pasado. De haberlo sido, seguramente hubieran perdido igualmente pero hubieran ganado en valores que es infinítamente más importante.

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