Cambia tus opiniones
Mantén tus principios
Cambia tus hojas
Mantén tus raíces
(Victor Hugo)

Evaluar en la Educación Física del siglo XXI

Los miembros de nuestro equipo de trabajo #EFteam nos dedicamos entre otras actividades a realizar formación para el profesorado de Educación Física en activo y también para el alumnado que cursa el máster de formación del profesorado (formación inicial). Además, tenemos la oportunidad de impartir cursos de formación a profesorado de otras materias. Una parte importante de nuestra actividad formativa se centra en la programación y concretamente, en una de sus fases más importante: la EVALUACIÓN

Pues bien, a raíz de poner en común entre nosotros los comentarios, anécdotas y situaciones con las cuales nos hemos encontrado últimamente en los cursos impartidos, me veo en la necesidad de reflexionar en voz alta sobre el apasionante mundo de la evaluación en educación física.

Antes de empezar advierto que no me voy a cortar ni un pelo. No voy a ser políticamente correcto y es posible que incluso llegue a herir sensibilidades. Mi intención es fomentar el debate y la autocrítica. En ningún caso ofender a nadie. De entrada he de reconocer públicamente que cuando acabé la carrera (año 1993) y empecé a hacer sustituciones en diferentes institutos, fui el primero que evalué en educación física en la dirección equivocada. Ahora puedo decir que la dirección era errónea. En aquél momento era la única dirección. Poco a poco fui dándome cuenta que no tenía ningún sentido continuar evaluando de aquella manera que yo mismo veía que no tenía ningún sentido y que no dejaba satisfecho ni al alumnado, ni a mí. Era la inercia de la carrera, la falta de actualización, la mala costumbre de no leer suficiente, la comodidad, el miedo al cambio, la juventud… En definitiva, los árboles no me dejaban ver el bosque. Quizás alguno de vosotros os encontréis en ese punto en que sentís la necesidad de cambiar pero no acabáis de ver claro el cómo y en qué dirección.

Ahí voy!

Cada curso, durante la primera semana de la asignatura, a mis alumnos del INEF que escogen formarse dentro la mención de Educación Física (una de las especialidades que les ofrecemos) les hago hacer un pequeño ejercicio de investigación: preguntarse a ellos mismos, a un compañero de promoción que no haya escogido la mención de EF, a una persona de una generación anterior a la suya y a otra de una generación posterior que ahora mismo esté haciendo la ESO, por una serie de cuestiones. Por tanto, cómo podéis comprobar la muestra es diversa. Hablamos de unos 35 alumnos. Cada uno trae las respuestas a las correspondientes preguntas y las ponemos en común. Son seis preguntas y una de ellas está dedicada a la evaluación: ¿cómo te evaluaron/evalúan en educación física? ¿De dónde salía la nota que te ponían/ponen? Hace años que lo hago y los resultados son siempre los mismos. No existen diferencias significativas entre las experiencias vividas por los que ahora hacen CAFE (tienen una media de 23 años) y los que están haciendo ESO ahora mismo: la evaluación consiste en una batería de pruebas para medir la condición física del alumnado (la mayoría de estas pruebas son de cualidades relacionadas con el rendimiento deportivo y no con la salud), exámenes de técnica de los diferentes deportes y exámenes teóricos de reglamento. No vamos bien.

La reina de las pruebas físicas es la Course Navette. ¿Alguien puede justificar una prueba que mide la potencia aeróbica máxima en un currículum claramente orientado a consolidar hábitos de práctica de actividad física saludable? ¿Por qué es tan utilizada entonces? ¿Por qué es fácil de administrar? ¿Por qué es fácil de evaluar? Yo tengo la teoría de que la culpa es que se puede hacer a lo ancho de una pista de futbol-sala/balonmano. Si en vez de 40 metros hubieran sido 100, no se hubiera popularizado tanto entre el profesorado de educación física. ¿Por qué? ¿Qué necesidad de hacer sufrir al alumnado inútilmente? ¿Qué necesidad de correr riesgos innecesarios? Es una prueba que acaba cuando el alumno llega al agotamiento. Peligroso, muy peligroso. Afortunadamente la mayoría del alumnado no llega al agotamiento y a los que juegan al límite de sus posibilidades, por suerte no les sucede nada grave. Ahora bien, seguro que más de uno de vosotros os habéis llevado algún susto.
Generaciones anteriores tuvieron el san Benito del salto del potro, plinton, caballo, etc. Generaciones actuales, la course navette. Incluso el propio creador Luc Léger se puso las manos en la cabeza cuando se enteró que su prueba era utilizada en el medio educativo. Dijo que él no la había diseñado para este colectivo que era un estudioso del rendimiento deportivo.

Y las otras pruebas miden la fuerza explosiva (de brazos y piernas) o la velocidad que son cualidades físicas que no tienen absolutamente nada que ver con hábitos saludables. Entonces, ¿Qué estamos haciendo? Me diréis que no conocéis ninguna prueba que mida parámetros saludables de resistencia aeróbica o fuerza resistencia… Me cuentan que quien propone este tipo de pruebas las justifica diciendo que de esta manera el alumnado se esfuerza y está más motivado porque visualiza la mejora. Sólo cambiando de pruebas (sin entrar en el debate de si es necesario o no plantear pruebas de valoración de la condición física) podemos conseguir igualmente el esfuerzo, la motivación y la mejora de la marca de cada alumno entrando en competición consigo mismo. Sin necesidad de renunciar a la actividad física saludable.
Os recomiendo un documental de Movistar televisión titulado La verdad sobre estar en forma. Creo que podéis coger muchas ideas de cómo deben ser esas pruebas que deben servir únicamente para conocer su nivel inicial y su progreso. Además, vosotros ponéis las reglas del juego y por tanto, podéis convertir esas pruebas individuales en cooperativas y dar valor a la consecución de objetivos comunes compartidos.
Pruebas todas ellas hiper mega competenciales, por supuesto (es ironía)

Vamos a los deportes. Para ser coherentes (ironía de nuevo), si cada trimestre realizan un deporte hay que evaluar los conocimientos de ese deporte. Evaluar las habilidades técnicas de los deportes en situaciones analíticas no entiendo cómo puede resultar significativo para el alumnado. Si eso es lo que hay que saber de educación física, vamos arreglados. Después nos quejamos de que el alumnado que dedica muchas horas a la semana a entrenar y jugar a un deporte en un club, pida la exención de nuestra materia. Según como, no me extraña nada. Para todos aquellos que evaluáis habilidades tácticas os acercáis a lo que es una actividad de evaluación competencial. Ahora sólo faltará la intencionalidad. Y para saber si se saben el reglamento, exámenes teóricos en los que se les pregunta cosas tan absurdas como las alturas de red, distancias o diámetros de pelotas. Aprendizajes poco útiles que causan rechazo por parte del alumnado.
Daryl Siedentop, un clásico entre los clásicos de la educación física dijo… “enseña como evalúes y evalúa como enseñes”. Efectivamente, la evaluación es el “espejo del alma”. Ya habéis visto cómo evalúa una gran parte del profesorado. Por tanto, imaginaros como enseñan y lo que es más grave, que es lo que al final acaba aprendiendo el alumnado.

Entonces, ¿cuál es la dirección adecuada? ¿Cómo enfocar la evaluación en educación física?

Las pistas más claras sobre cómo plantear una evaluación coherente las ofrece el currículum de la materia. Cada comunidad autónoma tiene el suyo propio con las peculiaridades que correspondan pero para entendernos voy a dar consejillos a partir del real decreto de “enseñanzas mínimas”, documento a partir del cual se construyen los currículums autonómicos: el Real Decreto 1105/2014, de 26 de diciembre, por el que se establece el currículo básico de la Educación Secundaria Obligatoria y del Bachillerato.

Me guste o no la orientación de la educación física en el currículum, esté de acuerdo o no sobre si será posible aplicarlo en su totalidad, sea más crítico o menos sobre lo que falta y sobre lo que le sobra (cualquier profesional podría opinar) es un documento prescriptivo de obligatoria aplicación. Afortunadamente lo considero suficientemente flexible para que cada uno lo adapte a su contexto pero existen unas líneas maestras, unas directrices genéricas que no son negociables.

Voy a daros una receta con tres sencillos pasos para cambiar tu manera de evaluar:

1. En primer lugar, debemos fijar la mirada en los objetivos de la ESO (articulo 11) y concretamente el k) que hace referencia a la educación física

k) Conocer y aceptar el funcionamiento del propio cuerpo y el de los otros, respetar las diferencias, afianzar los hábitos de cuidado y salud corporales e incorporar la educación física y la práctica del deporte para favorecer el desarrollo personal y social. Conocer y valorar la dimensión humana de la sexualidad en toda su diversidad. Valorar críticamente los hábitos sociales relacionados con la salud, el consumo, el cuidado de los seres vivos y el medio ambiente, contribuyendo a su conservación y mejora.

2. A continuación, y ya dentro del propio currículum es necesaria una lectura a fondo de la parte introductoria para extraer los pilares básicos de nuestra intervención. Para no extenderme demasiado me voy a dos de los párrafos más contundentes y que más justifican la necesidad de cambiar la mirada evaluativa en nuestra materia. No hace falta decir nada más.

En cuanto a la adopción de hábitos saludables es muy importante tener en cuenta que se estima que hasta un 80% de niños y niñas en edad escolar únicamente participan en actividades físicas en la escuela, tal y como recoge el informe Eurydice, de la Comisión Europea de 2013; por ello, la Educación Física en las edades de escolarización debe tener una presencia importante si se quiere ayudar a paliar el sedentarismo, que es uno de los factores de riesgo identificados, que influye en algunas de las enfermedades más extendidas en la sociedad actual. La Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la mejora de la calidad educativa, se hace eco de estas recomendaciones promoviendo la práctica diaria de deporte y ejercicio físico por parte de los alumnos y alumnas durante la jornada escolar.
En este sentido debe asegurarse que esa práctica respete las condiciones de uso y aplicación que la garanticen como saludable, para lo que la supervisión del profesorado de Educación Física resulta imprescindible. A ello hay que añadir el objetivo principal de esta asignatura que es que el alumnado aprenda a realizar actividad física correctamente, y que ese aprendizaje resulte desde la propia práctica. En consecuencia, su adecuada orientación y control hacia la salud individual y colectiva, la intervención proporcionada de las capacidades físicas y coordinativas, así como la atención a los valores individuales y sociales con especial interés referidos a la gestión y ocupación del tiempo libre y el ocio, constituyen un elemento esencial y permanente de toda práctica física realizada en las etapas escolares.

3. Y por último, la gran pista para evaluar nos la dan por un lado, los criterios de evaluación y por otro, los estándares de aprendizaje evaluables para el primer ciclo de la ESO y para el 4º curso. Los criterios de evaluación son los conocimientos y competencias que el alumnado debe lograr al finalizar el correspondiente ciclo. Dicho de otra manera, son como una especie de “objetivos generales” que deben ser conseguidos por el alumnado. Y cada criterio va acompañado de una serie de estándares de aprendizaje que no son más que comportamientos observables, medibles y evaluables de lo que el alumnado debe saber, comprender y saber hacer de cada uno de ellos. Hay 10 criterios de evaluación con 37 estándares para desarrollar en los tres primeros cursos de la ESO y 12 criterios con 40 estándares para 4º de ESO.
La evaluación acabará de concretarse cuando queden definidos los objetivos de aprendizaje específicos de cada unidad didáctica planteada que son los que harán posible certificar la consecución de los estándares en primera instancia y de los criterios de evaluación finalmente.

Con los ingredientes sobre la mesa (criterios y estándares) corresponderá al profesorado escoger los complementos (contenidos), diseñar los platos (unidades didácticas) y programar la carta (que hacer en 1º, en 2º y en 3º para llegar a 4º con posibilidades de cumplir los criterios y estándares que nos propone el currículum para el último curso). Paralelamente el profesorado deberá elegir la manera en cómo va a cocinar esos platos que ha programado, es decir la metodología que piensa utilizar. Por lo tanto, aunque pueda parecer que el currículum condiciona la actuación del profesorado, el margen de maniobra es enorme. El currículum nos orienta en lo que el alumnado debe conseguir pero no nos dice nada sobre el cómo. Perfecto. Me parece genial que no me impongan el cómo, aunque tiene su lógica que me obliguen en el qué para dar consistencia a los aprendizajes de los cuales la educación física se debe responsabilizar.

Los contenidos históricamente fueron los grandes protagonistas de los currículums y de ahí arrastramos hoy en día la dinámica de desarrollar un deporte por trimestre (los más tradicionales, mayoritariamente colectivos). En este, ni siquiera aparecen. Incluso pueden ser debatidos y consensuados con el alumnado. Mientras se consigan los criterios de evaluación, no importa demasiado la elección de mediante qué contenidos. Los contenidos deben estar al servicio de los criterios y en ningún caso al revés.

La apuesta metodológica es la que realmente va a dar novedad, innovación y calidad a vuestras programaciones.

Las actividades de evaluación deben ser competenciales, es decir tal y como se expresa en el preámbulo del RD valorar habilidades prácticas, conocimientos, motivación, valores éticos, actitudes, emociones, y otros componentes sociales y de comportamiento que se movilizan conjuntamente para lograr una acción eficaz.

Una parte del profesorado considera una pérdida de tiempo utilizar instrumentos de evaluación para que el alumnado piense, reflexione sobre su práctica, para que evalúe a otro compañero, para que registre su resultado, para que diseñen instrumentos de forma conjunta, etc. No es una pérdida de tiempo, es una inversión para que sean más conscientes de su aprendizaje e integren mejor los diferentes conocimientos adquiridos. Tampoco hay que obsesionarse con tenerlos en movimiento durante toda la clase. Si hay que parar la clase para sacarle provecho a la parada desde el punto de vista de reforzar el aprendizaje, adelante.

Además, el artículo 6 sobre elementos transversales nos ofrece pistas sobre como “condimentar” determinadas actividades de evaluación a lo largo de la etapa.

En Educación Secundaria Obligatoria, sin perjuicio de su tratamiento específico en algunas de las materias de cada etapa, la comprensión lectora, la expresión oral y escrita, la comunicación audiovisual, las Tecnologías de la Información y la Comunicación el emprendimiento y la educación cívica y constitucional se trabajarán en todas las materias.

Salir de nuestra zona de confort y adaptarnos a los nuevos planteamientos pedagógicos es necesario. Es cierto que las administraciones no nos ofrecen todo el apoyo que necesitamos pero nuestro alumnado se lo merece. Se merece que lo demos todo.

Sócrates decía que el secreto del cambio está en enfocar toda tu energía, no en la lucha contra lo viejo, sino en la construcción de lo nuevo

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