Después del post dedicado a cómo enseñar la Educación Física, hoy toca reflexionar en voz alta sobre un tema que siempre ocupa y preocupa a la comunidad educativa: la EVALUACIÓN. Pero ahora, en pleno confinamiento y a las puertas del tercer trimestre del curso, aún más.

Ayer asistí a una webinar sobre Evaluación formativa impartida por Neus Sanmartí (@SanmartiNeus) como sabéis una gran referente en el tema. Ella ha sido mi fuente de inspiración para el post que comparto con todos vosotros.

En primer lugar, quiero empezar por una frase de otro referente de la Educación Física y uno de mis autores preferidos, Daryl Siedentop. Decía así: “Enseña lo que vayas a evaluar y EVALÚA aquello que enseñes”. Esta frase lo dice todo: enseñes como enseñes, evalúa en la misma línea. Coherencia. Si enseñáis un deporte de manera muy analítica, atendiendo a la técnica individual sobre todo, no evalúes mediante un 1 contra 1.

Según Neus Sanmartí “evaluamos para evidenciar el aprendizaje de nuestro alumnado”.  Por tanto, nos deberíamos preocupar más por EVALUAR que por calificar. Lo más importante es que el alumnado se autoregule y sea consciente de lo que aprende a lo largo de un proceso formativo: antes, durante y después. Y alguno me dirá, si Carlos eso está muy bien pero a mí me imponen calificar al alumnado y ponerle un número mágico que exprese hasta qué punto ha aprendido. Cierto. Además, calificar, nos guste o no, es una de las funciones de la evaluación. No nos podemos librar de esta penitencia: poner una nota, pero no perdamos la cabeza por eso. La nota es la consecuencia final de un aprendizaje. Por tanto, ya convertiremos la evaluación en una calificación. De momento, démosle prioridad al APRENDIZAJE.

Hace un par de días mismo salió en prensa una noticia que decía que en Italia van a dar un aprobado general al alumnado de los diferentes niveles educativos. Y yo digo que me hubiera gustado que el titular hubiera ido en otra línea: “el profesorado tendrá que evaluar pero no será necesario que califique a su alumnado”. Hubiera sido genial.

Deberíamos otorgar más valor a la función educativa de la evaluación, es decir aquella que ayuda dando información al alumnado de si va bien o no a lo largo del proceso que no a la función social que es la que clasifica y ordena a los sujetos mediante una escala que dice que a partir del 5 estás aprobado y por debajo, suspendido.

¿Problemas con la evaluación en tiempos de confinamiento? Yo diría, problemas con la evaluación. Más de lo mismo, añadiendo las peculiares y excepcionales situaciones del confinamiento que evidencian el problema que arrastramos el profesorado con la evaluación

Sinceramente no entiendo la corriente que pretende desligar los aprendizajes curriculares con los ¿nuevos? aprendizajes en casa por el confinamiento. Cualquier propuesta que hagáis a vuestro alumnado, aunque sea en “modo zapping” se puede justificar curricularmente y darle la rigurosidad que merece. Lo importante es conseguir que el alumnado conecte nuestra propuesta con sus necesidades, motivaciones, gustos, contexto, entorno, aficiones… Vamos, como siempre debería ser y no ponemos en cuestión al currículum. Tengo la sensación que este parón presencial puede ser aprovechado por un sector del profesorado para minimizar su rol de enseñante y potenciar el de prescriptor de ejercicios y tareas desvinculas del currículum y de toda programación. Insisto en la idea que no es incompatible. Siempre he visto los currículums como una oportunidad y no como una amenaza constante. Muchas cosas las cambiaría, por supuesto que sí pero  el documento es suficientemente flexible para dar cabida a cualquier propuesta sea la que sea. Considero la educación del alumnado la gran finalidad y el currículum, un medio más para conseguirla.

¿Cómo podemos asegurarnos que nuestro alumnado aprende realmente? Evaluando, solicitando un retorno en el canal que se ajuste mejor a las características de las familias de nuestro alumnado. Y para que esto ocurra, Neus Sanmartí nos sugiere la diversificación de instrumentos para evaluar, de propuestas, de modalidades, de niveles de consecución… En evaluación siempre es importante ofrecer esta variedad de recursos. Y ahora, en tiempos de confinamiento aún más.

Bajo mi punto de vista cualquier propuesta de evaluación debe llevar asociada una definición de los CRITERIOS de EVALUACIÓN específicos (entendidos como indicadores de éxito de la actividad correspondiente) para que el alumnado los conozca y centre su atención en ellos para calibrar su aprendizaje. Esa es la clave del éxito en evaluación. Si esos criterios pueden ser consensuados y aceptados por el alumnado, mucho mejor. No hay nada más desmotivante para un aprendiz que no saber qué se espera de él.  Por tanto, fijar el objetivo y los criterios mediante los cuales será evaluado es fundamental.

Neus Sanmartí considera que “el gran problema de la evaluación en una educación telemática es no poder ofrecer un feedback de calidad, un feedback efectivo a lo largo del proceso”. Si los criterios de evaluación son claros podemos resolver en parte esta problemática haciendo posible que el alumnado se evalúe entre sí o incluso que las familias puedan colaborar en ofrecer esta valiosa información. El confinamiento es una gran oportunidad para enseñar al alumnado a autorregularse, organizarse y a trabajar autónomamente

Llegados a este punto alguien podrá decir: todo esto está muy bien pero ¿qué puedo hacer de forma concreta para evaluar a mi alumnado? Y vuelvo al principio del post: depende de lo que hayas enseñado y cómo lo hayas enseñado.

  1. Las propuestas de evaluación que hagamos deben ser suficientemente abiertas y variadas para que el alumnado las pueda adaptar a las circunstancias de su confinamiento. En definitiva, deben ser 100% inclusivas.
  2. En primer lugar, es necesario informar al alumnado del objetivo de la actividad planteada para que entienda que esperamos de él. El enunciado del objetivo si está bien redactado ofrece muchas pistas sobre cómo será evaluado.
  3. Es muy importante ofrecer unos criterios que le sirvan de guía para saber si la ejecución que debe reproducir (una habilidad, una coreografía, una dramatización, una tarea de percusión corporal, una cualidad física, etc.) es o no la correcta.
  4. Para ilustrar lo que significan los criterios de evaluación específicos para evaluar objetivos didácticos me gusta poner un ejemplo que comparto con vosotros. Imaginaros que queréis participar en una competición interna, totalmente amateur, de un club de pádel. Para que la competición sea homogénea y competida, necesitamos saber de la forma más objetiva posible, nuestro nivel de juego. Hay webs relacionadas con el pádel que cuelgan los CRITERIOS DE EVALUACIÓN de los diferentes gestos técnicos y del estilo de juego para que el jugador o jugadora amateur pueda AUTOEVALUARSE y conocer su nivel. Os dejo un par de ejemplos para que os inspiréis a la hora de confeccionar los criterios de cualquier actividad que propongáis a vuestro alumnado. Uno desde la página de Pádel Amateur https://padelamateurs.com/como-saber-mi-nivel-de-padel/ y el otro, que ofrece una calculadora para realizar el test diagnóstico https://www.padelagogo.com/como-calcular-nivel-de-padel/
  5. Podemos pedir evidencias audiovisuales para que el alumnado vea la evolución de su aprendizaje y para que las comparta con nosotros. Eso sí, siempre acompañando la actividad de evaluación con sus correspondientes criterios: posturales, de series y repeticiones, de respeto a principios del entrenamiento, de expresión artística, de ritmo, de ejecución técnica, etc.
  6. Una de las características básicas de la programación es la flexibilidad. Si hay alguna competencia básica, un contenido, un criterio de evaluación curricular que no vemos la manera de enseñarla en confinamiento, dejarla para otro momento. No va a pasar nada. Si por ejemplo teníamos programada una unidad didáctica de deportes colectivos para enseñar las fases del juego (ataque, defensa, contraataque y repliegue defensivo) prefiero dejar esos elementos curriculares para las clases presenciales, que tener que evaluarlo delante de una pantalla visionando un partido grabado. En tiempos de confinamiento especialmente, a favor del componente motriz. Vamos a perdernos un tercio del curso y la vida académica y personal muy larga

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