Antes de nada, os recomiendo que veáis la película. Para que quede claro. Me ha gustado; es una historia bien tramada con un duro principio y un triste desenlace, aunque necesario. No os quiero dar más pistas.

Evidentemente, cuando se estrena una película del ámbito educativo ya estoy en primera fila mirándola con lupa para ver si puedo aprovechar algo para el blog.

Voy con la esperanza de ver que la Educación Física pase de largo o simplemente que no aparezca. Tampoco voy a pedir a estas alturas que nos deje bien. Siendo francesa pensé que podríamos tener una oportunidad. Pues no.

Aunque el papel del profesor de Educación Física es secundario, determinados tópicos, aparecen una vez más.

Cuando el individuo en cuestión aparece en pantalla, siempre lo hace con uno de los símbolos que más nos caracteriza (que bien utilizado tiene su encanto, no diré que no). Esté dónde esté y haga o no de profesor en ese momento.

Os voy a dar tres consignas.

En primer lugar, identificaréis al profe de Educación Física sin verlo en clase y sin que nadie os lo presente.

En segundo lugar, lo veréis en acción con los alumnos y alumnas haciendo una de sus actividades preferidas.

Y en tercer lugar, fijad vuestra atención en la escena en la que justifica la orientación de “su” Educación Física en una reunión de profesores: nunca me lo había planteado de esta manera.

Y pensar que esa fue la razón por la que me contrataron la primera vez como profesor de Educación Física en una escuela de primaria a principios de los 90… Ha llovido desde entonces.

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