Hay clubs que prefieren mantener una relación distante con las familias. “Cuanto más lejos, mejor” piensan. Un gran error estratégico. El deporte escolar es ante todo, deporte formativo. Las familias depositan su confianza en los técnicos deportivos para que, igual que sucede con los maestros de las escuelas, formen y eduquen a sus criaturas. Es por eso que merecen estar informados de todo lo que rodea la vida deportiva de los niños y niñas. No informar puede ser fuente de malas interpretaciones, opiniones divergentes, generar un mal ambiente de trabajo y un clima de desconfianza y desconcierto generalizado para nada positivo en el club.

Estar informados supone para las familias interpretar mejor lo que ven durante entrenamientos y competición, tener claras las “reglas del juego” y sentir que perteneces a un club que cuenta contigo. Exactamente igual que en el caso de las escuelas. Cada cual tiene su rol y su función: y ni las familias deben hacer de entrenadores, ni los entrenadores de padres y madres. Pensar que mantener al margen a las familias dejará al técnico deportivo más tranquilo y más concentrado en su tarea es un error. Más bien, todo lo contrario. Las familias informadas entenderán mucho mejor las decisiones que vaya tomando el técnico y aunque no las comparta (ya sabemos que las familias tienen un componente emotivo poco objetivo) las acatará y respetará mucho más que si no hubiera recibido esa información.

Por ejemplo, supongamos que un equipo de futbol de categoría alevín (12 años) tiene como gran objetivo de la temporada quedar entre los tres primeros clasificados. En la reunión inicial, el técnico deportivo advierte que jugaran los que considere que están en mejor forma cada semana y que si un jugador no juega ni un sólo minuto, no lo hará. Como padre me puede gustar o no (por supuestísimo, no comparto esta idea de deporte en edad escolar) pero si decido dejar a mi hijo en ese equipo, no podré quejarme y decir que no lo sabía. Estar informados permite saber “que es lo que hay” y obrar en consecuencia.

Como mínimo los clubs deberían informar a las familias en dos momentos de la temporada. La reunión la puede liderar el técnico o compartirla con el director deportivo, el coordinador de la sección correspondiente:

1. En una reunión de inicio de temporada para presentar al técnico deportivo, marcar los objetivos del equipo, explicar la dinámica de trabajo y las reglas del vestuario.

2. En una reunión final de valoración de la temporada para hablar sobre si se han conseguido los objetivos marcados desde el inicio.

Por circunstancias especiales (conflictos, problemáticas generales, etc.), se podrían convocar reuniones extraordinarias. Además, sería ideal que el entrenador tuviera reuniones individualizadas con las familias para diseñar conjuntamente objetivos adaptados a las necesidades de cada deportista y facilitar el seguimiento.

Así pues, los técnicos deportivos deberían establecer relaciones cordiales con las familias porque esa colaboración conjunta es clave en la educación de sus hijos.

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