Este es el típico libro que ofrece una idea global del sistema educativo. La autora, Bárbara Pastor, Dra. en Filología Clásica y profesora de instituto nos explica sus pensamientos más profundos sobre la “gimnasia”.

Advertencia: este texto (que reproduzco de forma literal) puede herir vuestras sensibilidades. Ahí va. Sin más comentarios. Coged aire.

Título:¿Qué pasa en las aulas?
Autora: Bárbara Pastor
Editorial Planeta; 2002

“Hay muchas formas de dignificar la actividad que uno hace. La más sencilla es haciendo bien el trabajo. Pero cuando uno padece complejos ajenos a la mera actividad laboral, mezcla actitudes y reacciones que no siempre benefician a quienes están en contacto con es ser acomplejado. El mundo de la enseñanza está lleno de acomplejados. Y la reforma ha aumentado considerablemente el número de esa clase de personas que, para dignificar su tarea, modifican, transforman y alteran la actividad que en otros tiempos fue sencilla, directa y clara”. (p. 176).

Por ejemplo, lo que siempre hemos llamado gimnasia, ahora se ha transformado en una asignatura casi tan complicada como la ingeniería industrial. (…) (p.177).

En la enseñanza secundaria, algunos profesores de gimnasia hacen algo parecido. Acomplejados por la poca categoría que hasta ahora tenía su asignatura – que consistía en hacer el pino, y poco más -, ahora reivindican un reconocimiento universal a base de torturar a los demás. Como ellos han tenido que superar una oposición que les exige saber de memoria temas absurdos que abarcan hasta el último hueso de la anatomía humana, se vengan después con sus propios alumnos. Les exigen saber lo mismo que ellos. (p. 177).

Es terrorífica la programación que hacen esos profesores a principio de curso. Más que una programación parece un entrenamiento de deportistas de élite. Algunos creen que están preparando a sus alumnos para las olimpiadas. Yo he tenido en mi tutoría a alumnos con sus manos llenas de morados, y otros que han sufrido desmayos por haber corrido varios kilómetros sin parar. (p. 177).

Es difícil de entender que un profesor de gimnasia quiera transformar un ejercicio físico en actividad intelectual. (p. 177).

Es inadmisible por su propia naturaleza. La gimnasia forma parte del currículum escolar precisamente para servir de contrapunto a las muchas horas de trabajo intelectual.” (p. 178)

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