Quiero compartir con todos vosotros una situación incómoda que me estoy encontrando como padre de una niña de 13 años que practica un deporte colectivo a nivel federado. Ella y sus compañeras compiten al máximo nivel de su categoría y entrenan unas 10 horas semanales de lunes a viernes, partidos al margen.

Desconozco las normativas de otras comunidades autónomas pero en Catalunya son consideradas alumnas con dedicación significativa al deporte, y como tales pueden solicitar el reconocimiento de la asignatura de Educación Física.

Os copio literalmente la norma para que leáis las condiciones especificas:

(…) En casos excepcionales en que el alumno no dispone de los certificados del Consejo Catalán del Deporte, pero las circunstancias individuales del alumno y su dedicación intensiva al deporte así lo justifiquen, con una dedicación horaria de 9 o más horas semanales (de lunes a viernes) de actividad física reconocida por la federación deportiva correspondiente, la comisión de atención a la diversidad o el órgano equivalente del centro puede proponer, y el director o directora del centro aprobó, el reconocimiento de la materia Educación Física.
El reconocimiento de la materia Educación Física implica que no tiene calificación ni
computa a efectos del cálculo de la media; a las actas hay que indicar “Convalidado” (…)

Algunas familias han tomado la decisión de solicitar este reconocimiento y han conseguido que sus hijas pasen a tener “dos horas libres” para estudiar o avanzar deberes.

Como podéis suponer nosotros no sólo no hemos solicitado la de nuestra hija sino que además nos mostramos contrarios a este derecho. Hablando con las familias de esta opción, me preguntan el por qué: una gran oportunidad para explicar las bondades de la educación física y el gran número de aprendizajes que dejarán de adquirir.

De forma muy resumida los argumentos son los siguientes:

1. La Educación Física, tal y como queda reflejado en el currículum de la materia, educa al cuerpo para toda la vida y enseña al alumnado a autogestionarse la práctica de actividad física: aprender a calentar, a estirar, a tonificar los músculos más importantes, a mantener una postura correcta en actividades deportivas y de la vida cotidiana, a diseñar un programa de condición física saludable, a encontrar fórmulas para ocupar el tiempo libre de forma activa en compañía de amigos, a disfrutar de una práctica deportiva rica en valores, a desarrollar habilidades motrices variadas, a promover hábitos higiénicos, a explotar el potencial comunicativo y expresivo del cuerpo, etc, etc, etc.

2. Las niñas practican UN único deporte y perfeccionan (a base de muchas horas de práctica) UNA serie de habilidades específicas para ese deporte pero dejan de explorar muchas otras que les permitirían disfrutar de una rica variedad motriz. En este punto les recuerdo que sus hijas no se van a ganar la vida practicando este deporte. Van a invertir unos años en ESE deporte pero la vida es muy larga y para mantenerse en forma es recomendable tener un amplio bagaje motriz

Cada modalidad deportiva, siempre que sea programada con intencionalidad educativa manifiesta, permite desarrollar unas competencias determinadas.

Por ejemplo, las actividades individuales suponen afianzar el trabajo de valores de cada niño o niña: esfuerzo, superación, auto-exigencia, perseverancia, responsabilidad, autodisciplina, autoconocimiento, respeto a los adversarios, al reglamento, a los jueces, etc. Los deportes de adversario (de raqueta o de combate) el respeto por el adversario y por el reglamento (aceptar las normas y el resultado de la competición) son aspectos desarrollados desde los inicios de la práctica de estas actividades. En el caso concreto de los deportes de lucha o combate (judo, taekwondo, karate, etc.) el autocontrol y la tolerancia al contacto directo con el oponente son valores añadidos. Los deportes de equipo generan además, un gran número de errores y es por eso que deben
ser acentuados valores tales como la ayuda mutua, la tolerancia al error de los otros, la cohesión del grupo, etc

3. Por suerte (aunque a veces, por desgracia) la Educación Física no tiene la sombra de la “selectividad” y la obligatoriedad de dar un temario prescriptivo. Puede parecer que lo que enseña no es útil, que es prescindible, que es una pérdida de tiempo, incluso que no enseña nada. Nada más lejos de la realidad

Después de estos tres argumentos de peso las familias suelen comentar que si la Educación Física de sus hijas fuera así, tal y como yo la he descrito, verían con buenos ojos aprovechar los aprendizajes que de ella se derivan. Pero también es cierto que algunas familias me explican que la Educación Física de sus hijas consiste en realizar unas pruebas físicas muy duras y practicar un deporte tras otro, trimestre tras trimestre. Y que aprender, lo que se dice aprender… como que tampoco.

Lejos de conformarse y claudicar sería conveniente que las familias reivindicaran esa educación física útil y funcional y que se interesaran por la calidad de esta materia que es tan instrumental como otras. La Educación Física no pretende ser más que otras pero tampoco estamos dispuestos a que nos menosprecien

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