He vivido el deporte en edad escolar desde diferentes perspectivas. En primer lugar fui deportista, futbolero para ser más exactos. Más tarde fui entrenador. Aún recuerdo con 16 años y siendo futbolista la ilusión que tenía por entrenar a un equipo de niños pequeños. Fui entrenador sobre todo de futbol sala pero también de otros deportes y me retiré cuando acabé la carrera y me puse a trabajar de profesor de educación física en un instituto. He colaborado con el Consejo Deportivo de una comarca catalana en el diseño de una competición deportiva escolar que premia las buenas conductas por encima del resultado. Desde hace unos años soy padre de una niña deportista. Habiendo vivido el deporte desde tan variados ángulos, me apetece escribir unas líneas para homenajear a todas aquellas familias que acompañamos a nuestros hijos e hijas a hacer deporte y destacar lo bueno (que es mucho) de lo que hacemos por ellos.

¿Ayudar a escoger un deporte?

Un primer paso es ayudar a nuestros hijos e hijas a escoger la disciplina deportiva que mejor se ajuste a sus necesidades y preferencias. Una elección nada fácil. En un primer momento conviene inscribirlos a una actividad polideportiva dónde entren en contacto con deportes de diferente tipología (individuales, de adversario, colectivos, etc.) y los prueben. De esta manera tendrán más argumentos para decidir qué deporte practicar.

La posibilidad de practicar una u otra actividad deportiva por parte de un niño o una niña depende en gran medida de la oferta de actividades cerca de nuestro domicilio (escuela y clubes deportivos). En la mayoría de las ocasiones el deporte en la escuela se convierte en una de las primeras oportunidades de entrar en contacto con la práctica deportiva. Por cercanía, por comodidad, por tradición, por amistades, por un entrenador o entrenadora entregada a la causa, etc. Así empiezan muchos y muchas. Algunas veces cambiando el deporte de un año para el otro; otras siguiendo con el deporte escogido en un principio.
Y en algunas ocasiones (como pasa con otras actividades) llega un momento en que la escuela “se queda pequeña” para albergar el talento o la pasión de nuestros hijos o hijas por un deporte (o ambas cosas) y el salto a un club es una muy buena opción.


Acompañar a los entrenamientos

Yo no tuve esa suerte, mis padres no podían acompañarme a entrenamientos y partidos y mi margen de maniobra fue cercano a mi domicilio, un barrio aislado de la ciudad de Barcelona. Ahora acompañamos a nuestros hijos dónde sea y en los horarios que se presten tirando de operativas diversas que a veces incluyen a abuelos, otros familiares y otras familias amigas que viven cerca de casa. Necesitamos ayudarnos los unos a los otros. No hay más remedio. Hoy las recoges tú y mañana los dejo yo. Las familias con dos y tres hijos hacen verdaderos malabares para dejar o recoger a sus hijos a los entrenamientos y partidos. Cómo decía un amigo mío cuando tienes un hijo, o tú o tu mujer pero cuando son dos, tú y tu mujer. Con tres, ni os cuento cómo es la logística familiar. Una verdadera locura. Porque además, conforme avanzan en categorías entrenan más horas, más tarde, llegan a horas intempestivas a casa y hay que cenar, reposar (a veces hacer deberes para el día siguiente) e irse a dormir y descansar suficiente.

Los llevamos a entrenar. A veces los dejamos, nos volvemos a casa, los recogemos más tarde y en muchas ocasiones incluso nos quedamos a ver todo el entreno hasta que salen. Depende del deporte unas cuantas horas (¿perdidas?) invertidas en esperar el final del entreno. Tardes/noches poco productivas. Nuestro grupo de familias del equipo en el que juega mi hija utilizamos ese tiempo para hacer nosotros actividad física y así aprovechar muchísimo más y mejor nuestro tiempo (¿libre?). Una gran inversión en salud: hacer deporte un par o tres de veces por semana y si puede ser en compañía de otros padres o madres, mejor aún.

Ahora bien, considero impagable el tiempo que compartimos con nuestros hijos e hijas en los desplazamientos en el coche. Eso siempre y cuando el móvil lo permita, claro. Tiempo de confesiones, de reflexión, de guía, de consejos, de escuchar, de enfadarse, de reir, de llorar, de ayudar,… En definitiva, tiempo para estar con ellos y sobre todo, por ellos. En casa no es tan fácil encontrar estos escenarios de comunicación e interacción.

Acompañar a los partidos

Acompañarlos a los partidos supone muchos fines de semana hipotecados (que no perdidos). Olvidaros de tener un fin de semana libre hasta que no pare la competición (vacaciones, final de vuelta, competición de selecciones, etc.)
Como mucho un día libre de los dos del finde. No hagáis planes a medio/largo plazo. Y rezad para que el club no se “invente” un partido amistoso o surja un torneo para ese fin de semana libre. La ventaja es que gracias a la práctica deportiva de nuestros hijos e hijas podemos hacer turismo por la comunidad autónoma a la cuál pertenecemos. Bueno, turismo, turismo… Sobre todo, visitas intensivas a las pistas polideportivas, campos de juego, pabellones y demás instalaciones deportivas.

Llegamos una hora antes del inicio del partido (muchas veces madrugando considerablemente), dejamos a los deportistas y nos vamos a almorzar… de nuevo. Antes de salir de casa comemos alguna cosa y después complementamos el almuerzo para estar a tope para el partido. Porque nosotros también jugamos!!! Espacio de interacción entre las familias. Difícil encontrar un bar dónde quepamos todos juntos, relativamente cerca de la instalación deportiva. A veces, según la hora de finalización del partido las familias quedamos para comer juntos y aprovechamos la ocasión para hacer equipo. Este es el termómetro de un equipo: la capacidad de compartir más allá de la actividad “obligatoria”

Mientras vemos el partido las emociones, a flor de piel. Animamos, aplaudimos, damos apoyo a nuestros deportistas aunque a veces también nos quejamos si juegan mal y no tienen el día. Incluso protestamos decisiones del árbitro o decisiones técnicas de nuestro entrenador. Como diría Pep Marí, psicólogo del deporte: “familias tenéis razón, pero os equivocáis” Podemos tener razón: una manera diferente de ver las cosas que podemos no compartir, pero nos equivocamos haciéndolo explícito y protestando. Las familias debemos concentrar nuestros esfuerzos en una sola cosa: apoyar a nuestros hijos e hijas, incondicionalmente. Este debería ser nuestro único rol. Nada más. Por ejemplo, de nada sirve quejarnos si “no juega suficientes minutos”. En vez de cuestionar el trabajo del entrenador conviene preguntarle en qué tendría que mejorar para conseguir más minutos de juego. A favor nuestro, en contra de nadie.

La relación con el staff técnico

La relación con entrenadores y entrenadoras debería ser similar a la que tenemos con el profesorado de la escuela o instituto: directa, fluida y respetuosa. Ambos colectivos tienen la misma función: educar a nuestros hijos e hijas. En el caso de los entrenadores, mediante la práctica deportiva. Es decir, al margen de los aprendizajes puramente motrices también colaboran en su EDUCACIÓN en mayúsculas. No es positivo que el staff técnico viva de espaldas a las familias y que esquive el contacto con ellas. Cada uno tiene su rol y ambos deben respetarlos y no cruzar líneas peligrosas.

Nuevos amigos, compañeros de viaje

La práctica deportiva de nuestros hijos e hijas nos permite hacer nuevos amigos. Un gran valor añadido. Nuevo equipo, nuevas amistades. Cuando llevas años en el club conoces familias de muchos equipos con los que has coincidido en algún momento. Al final, somos una gran familia.

Los grupos de whatsapp de las familias

Si, si, otro grupo más. Podemos decidir con entrenador incluido. Más divertido sin. Condiciona mucho la comunicación y los comentarios políticamente correctos de la mayoría. Es una fantástica oportunidad para generar buen rollo y para mantenernos informados del día a día del equipo.

Unos consejos para un uso racional:

  1. No lo utilicéis como si fuera el de vuestro grupo de amigos de toda la vida. Por tanto, conviene no colgar cosas que sencillamente… no tocan
  2. Tampoco lo utilicéis servir para “rajar” del equipo (entrenador o deportistas). Siempre positivos, nunca negativos.
  3. Si un día por lo que sea no puedes asistir a un partido, siempre encontrarás un alma caritativa dispuesta a retransmitir el tanteo punto a punto
  4. No contestéis a preguntas con respuestas obvias tipo: “alguien ha encontrado una sudadera…” No hace falta que los 25 integrantes digan no

Final de temporada: nuevos retos.

Suspense. Finaliza la temporada. Es hora de comprobar si se han conseguido los objetivos previstos y esperar la siguiente, con ilusión. ¿A qué equipo enviarán a mi hijo o hija, al A, al B, al C…? ¿Qué entrenador o entrenadora nos va a tocar? ¿Con qué familias coincidiremos? ¿Conocemos a alguien?
Lo más importante, que se lo pasen genial y que consoliden sus amistades. Y nosotros, junto a ellos y ellas. Siempre. A su lado para lo que sea necesario; para que se sientan arropados.

Familias, ¿qué sería el deporte en edad escolar sin nosotros? Nos merecemos subir al podio

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