Seguro que muchos habéis oído aquel proverbio africano que decía que “para educar a un niño es necesario la tribu entera”. Una gran verdad pero, ¿y si el técnico deportivo fuera la pieza clave en el deporte en edad escolar? El resto de la tribu es fundamental (familia, amigos, juntas directivas, árbitros, profesores, etc.) pero si tuviera que apostar por una, sin duda la figura del técnico deportivo es la que veo más “educable” desde la formación inicial y continuada.

– Eres como el maestro de la escuela, una figura única en contacto directo con los deportistas con los que interactúas durante unas cuantas horas semanales y del que pueden aprender muchísimas cosas del mundo del deporte y por supuesto, de la vida. Un buen técnico (igual que un buen maestro) da confianza, seguridad, refuerza la autoestima, inspira… en definitiva, dejáis huella.

– Piensas anticipadamente, propones, observas, retocas, cambias, refuerzas, etc. Tomas decisiones continuamente y en poco tiempo durante los entrenamientos y en los partidos. Poco margen para la reflexión y muchas posibilidades de errar. Una misión nada fácil.

– Ofreces un feedback correctivo y afectivo inmediato y de calidad al deportista. Quién mejor que tú para reforzar aquello que hace bien y de corregir aquello que aún le falta por conseguir: cuestiones técnicas, tácticas o de preparación física, valores, emociones, etc. El feedback afectivo que das es aún más potente porque motiva, anima y fideliza al deportista.

– Evalúas a tus deportistas: te marcas objetivos con el deportista o con el equipo, durante la temporada haces un seguimiento y al final, das respuesta a su consecución. Y cuando digo evaluar, no quiero decir resultados: ganar el partido del fin de semana, es un indicador de éxito pero no es ni el único ni el mejor. Cuando se gana hay cosas que se han hecho mal y que es necesario rectificar. Cuando se pierde hay cosas que se han hecho bien y que vale la pena continuar haciendo. Evaluar va mucho más allá y requiere valorar todo lo que sucede en el terreno de juego: desde los entrenamientos hasta los partidos y semana a semana. No se puede esperar a final de temporada para evaluar a los deportistas en función de la clasificación final. Esa clasificación te sitúa por delante y por detrás de otros, pero no te ofrece información alguna sobre el nivel de aprendizaje.

– Eres el guía, el facilitador, el que orienta a sus deportistas en la dirección adecuada al proceso de aprendizaje de cada uno de ellos. El gran protagonista del deporte escolar es el propio deportista pero para ser cada vez más autónomo, necesita la ayuda y el consejo de su entrenador.

– Conviertes un grupo de deportistas en un equipo. En sus manos está el moldear el potencial y las personalidad de cada uno y ponerlas al servicio del colectivo. Además, en edades tempranas debes estrechar la distancia con las familias para conseguir el clima de trabajo necesario para que el equipo se forme, se desarrolle y se consolide. En este sentido, puedes llegar a ser un líder natural con la ayuda de toda la tribu.

Haced memoria y recordad los maestros y maestras que habéis tenido durante toda vuestra trayectoria formativa. ¿De quién guardáis el mejor de los recuerdos? Y ahora, reflexionad sobre el por qué: ¿por los conocimientos que os traspasó o por cómo os trató como persona y los valores que os transmitió? ¿Cómo queréis que os recuerden vuestros deportistas dentro de unos años? Pues manos a la obra.

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